¿Por qué al fin y al cabo, para que están? Los dieciséis son para vivir. Olvidarte de todo lo que llamamos problemas. Malgastamos la etapa más bonita de nuestra vida en comernos la cabeza. Es tan sencillo como hacer lo que quieres, no lo que debes. Como no pensar lo que haces, ni lo que dices. ¿Qué? En realidad es tan sencillo como no pensar. Sueña, y al despertar piensa que puedes hacerlo todo realidad. No le veas inconvenientes, el futuro ya vendrá. Llora si tienes que llorar, ¿que vas a perder? Grita cuando te apetezca gritar, ¿que te frena? Sube el volumen de la música tan alto que llegues a dejar de escuchar al corazón. Sal, diviértete. Ríete como nunca te has reído, haz el ridículo, canta y baila en medio de la calle, tírate al suelo si te apetece. ¿Por qué no hacerlo? Ama, siente, falla y deja que te fallen. ¿De los errores se aprende, no? No te olvides de quien eres. Que si esta es la etapa en la que nos formamos para el resto de nuestra vida, será mejor disfrutar. Formarnos como personas que viven, que sienten, que aman. Que no tienen miedo a caer porque sabrán levantarse. Ahora es el momento de poner la primera y única regla para el resto de nuestra vida: SÉ FELIZ, LO DEMÁS NO IMPORTA.
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