Alguien tenía que hacerlo... Bueno, alguien no, yo. Tenía tarde o temprano que agraderte todo lo que has hecho por mí, por nosotros. Personalmente me has enseñado mucho, me has enseñado ese lado humano que toda persona debe tener en su puesto de trabajo. Te admiro. Has sido más que una profesora para mí, una gran parte de todo esto que me lleva de camino al sueño de hacer mi carrera. He de agradecerte todo lo que me has apoyado cuando más lo necesitaba, en las peores rachas. Darte las gracias por haber entendido a una adolescente que se acobarda fácilmente. Por cada abrazo que me has dado, me hacías sentir bien. Por haberme escuchado llorar. Y es que, más que una profesora, has sido un apoyo necesario. Soy consciente de que sin ti no hubiera sido posible, o al menos hubiera costado mucho más. Es probable que hubiera tirado la toalla a lo largo del curso. Pero has sabido levantarnos, hacernos crecer. Me gustaría llegar a ser como tú. Estar ahí, frente a una clase de alumnos insoportables y saber mantener la entereza, la paciencia. Y sobre todo tener ese cariño guardado para cuando más lo necesitan. Me enseñaste que a pesar de los problemas hay que mantenerse fuerte, que cuánto peor vayan las cosas, más hay que luchar. Y esa, desde ese día, ha sido una de las bases que me han acompañado cuando las cosas no iban bien, en el ámbito escolar y fuera de él. Sinceramente, has marcado mi vida, una parte importante de ella. Gracias, de verdad.
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